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Novelas Victoriana Inglesa

Reseña: Lo que el viento se llevó

Supongo que no hay nadie o, casi nadie, en la Tierra que no conozca esta novela de Margaret Mitchell. Tiene mil páginas y me la leí en cuatro días. La terminé a altas horas de la madrugada. Eso fue cuando tenía doce años; ahora, con treinta, la habré leído unas siete veces y sigo descubriendo cosas nuevas en cada una de ellas.

Como escritora, creo que es innecesario que enumere la infinidad de datos, técnicas y momentos de inspiración que esta gran obra maestra me ha aportado. Desde el modo en que se caracterizan los personajes logrando una imagen psíquica y física de cada uno de ellos clara e inolvidable hasta la lucha de Escarlata por ser terriblemente diferente a las demás congéneres de su época.

Margaret Mitchell era una periodista natural de Atlanta. Lugar en el que se desarrolla la trama de la novela. Tardó diez años en escribirla y se convirtió en un éxito tan rotundo que llegó hasta la gran pantalla. La historia que Margaret escribió es relevante, no solo por su narración y su historia de amor, sino por el trasfondo social y político que conlleva. Intentó convencernos de que los esclavistas no eran malos. Y lo hizo tan bien, que llegas a empatizar con ellos sin estar de acuerdo con sus ideales en pleno año 2021.

El argumento nos detalla cómo era el Sur de Estados Unidos antes de la Guerra de Secesión, cómo fue la Guerra en sí misma y cómo se vivió la posguerra y la represión en ese mismo lugar. La Guerra de Secesión fue la batalla entre Estados Unidos del Norte y Estados Unidos del Sur por motivos económicos. Mucha gente cree que fue porque los norteños querían liberar a los esclavos negros, pero ninguna guerra se libra por motivos altruistas.

No obstante, para quiénes no la hayáis leído, no es una novela bélica. Toda la historia gira alrededor de Escarlata O’Hara, la hija de un terrateniente rico. Al seguirla a ella continuamente, no se muestra ninguna escena de tiros y cañonazos. Sino en cómo afecta a una joven entusiasta y soñadora esa repentina crueldad humana por el dinero.

Escarlata O’Hara es por un lado caprichosa, orgullosa, consentida, egoísta… pero también es una luchadora nata llena de vida y muy valiente. (En este punto os recomiendo leer Catherine Nowells, mi propia novela. La protagonista está inspirada en ella). No le importa en absoluto lo que piensen de ella. En mi punto de vista, es un personaje completamente real y complejo como lo es el ser humano. En la película fue representada por Vivien Leigh.

Ella está perdidamente enamorada de Ashley, que es un hombre serio y, a su vez, enamorado de otra mujer. Como lectora, siempre lo odié profundamente. Es exasperante su inseguridad y su debilidad que poco o nada tiene que hacer con la luz de Escarlata. En la película fue representado por Leslie Howard.

Por último, está Rhett. Mi favorito por excelencia y, en mi opinión, el verdadero amor de Escarlata O’Hara aunque ella tarda en darse cuenta. Él es inteligente, carismático, misterioso… y a su vez peca de arrogante.

¿Qué puede salir mal con esta mezcla de ingredientes? Muy pocas cosas, os lo aseguro. En cuanto a calidad literaria, la novela mantiene un ritmo que engancha desde el principio hasta el final. No es para nada simplista e incluso tiene ciertos toques de humor que te hacen olvidar de la cruda realidad del argumento.

¿La aconsejo? Por supuesto.

¿Nota? 10/10

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10 curiosidades de la Época Victoriana

1-Casi el 50% de los niños morían antes de los 5 años de edad.

2-Los médicos victorianos solían masturbar a sus pacientes femeninas.

3-Entre un 25% y un 50% de los pacientes que precisaban una operación, morían.

4-El aspecto frágil y enfermizo triunfaba entre las mujeres que buscaban lucir siempre pálidas.

5-Tenían un lenguaje de códigos relacionados con las flores. Por ejemplo, los narcisos significaban la caballerosidad y el amor no correspondido.

6-Sesiones espiritistas. Eran muy populares y las realizaban para entretenerse.

7-El pan era adulterado con yeso o alumbre para aumentar su peso y optimizar las ganancias.

8-Las mujeres usaban gotas de belladonna, una planta venenosa, para dilatar sus pupilas con el fin de mostrarse más hermosas y parecerse a los enfermos de tuberculosis. Lo que les causaba ceguera.

9-Muchas costureras usaban la prostitución como un trabajo complementario para no morir de hambre.

10-Las mujeres que laboraban en las casas pudientes solían ser obligadas a tener relaciones con sus señores.

¡Muchas gracias por llegar hasta aquí! Si te gustó no te olvides de dejar tu comentario y tu opinión al respecto.

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La menstruación en la época victoriana

¿Cómo enfrentaban el ciclo?

¿Qué opinaba la sociedad?

A principios de 1800 había doctores que afirmaban que durante el período menstrual muchas mujeres podían perder sangre por la nariz, los pulmones e incluso el ombligo. ¿Casi como un colador? Eso provocaba que muchos hombres observaran con asco este asunto y, claro, no era de extrañar dado que los datos que tenían sobre él resultaban grotescos para cualquiera. Pero, una vez más, era una forma de «mitificar» algo tan normal como la menstruación y de «victimizar y debilitar» la figura femenina.

Por supuesto, era considerada como una enfermedad muy grave que provocaba locura. ¿Era una forma sutil de llamarnos locas a todas? Yo creo que sí. Eso hacía que nuestra opinión siempre fuera menospreciada y que nuestros actos fueran vistos como propios de «las mujeres». Un argumento que usaban para prohibirnos estudiar, votar o ejercer cualquier profesión cualificada.

Durante la menstruación éramos casi consideradas animales. Seres irracionales que chirriábamos, gritábamos y gruñíamos. Aunque lo combinábamos con lloros, suspiros y melancolías injustificadas. Unas trastronadas, ¿verdad? Irracionales.

De hecho, en el hospital psiquiátrico de Bethlem ( que ya conocistéis en la historia de la Verdad de Margaret Trudis) ingresaron unas 80 pacientes debido a este trastorno «psíquico». Y usaban la sedación, agua fría y opio para mantener estable a la mujer. Incluso no las dejaban dormir. Y otras torturas varias… Que dejo a vuestra imaginación.

¿Qué medidas de higiene usaban?

Usaban toallas dobladas, paños, esponjas de mar y demás productos que fueran capaces de absorber el flujo. Aunque, hay que decir, que a veces no usaban nada de nada y manchaban la ropa. No pasaba nada porque llevaban capas y capas de enaguas y faldas como para cubrir cualquier mancha. Lo único que hacían para no exponer su condición sobre los tobillos, era poner una servilleta o una enagua más doble de lo habitual.

Afortunadamente, a finales del s.XIX se dieron cuenta de que no era nada higiénico manchar la ropa y se inventaron unos cinturones que contenían compresas lavables.

Una cosa que me ha sorprendido mucho particularmente ha sido descubrir que los tampones también se inventaron en esa época. Eran bolitas de algodón o de lino atadas con un hilo grueso que tenía la misma función que el hilito de los tampones actuales, extraerlo. No fueron muy usados por miedo a irritar las partes íntimas o por motivos «religiosos».

En 1888 llegan las primeras compresas deshechables. ¡Por fin! Se llamaban «Kotex».

Conclusión

Mis Astros Bellos, no sé qué pensaréis sobre el tema. Me gustaría que me dejaráis vuestra opinión en los comentarios, ¿qué hubieráis hecho vosotras en esa época? A mí particularmente creo que no me hubiera costado usar las toallas porque al fin y al cabo en cuanto están sucias pueden lavarse. ¡Pero nunca se me hubiera ocurrido ir sin nada! (Creo… claro que eran otros tiempos y es fácil hablar desde el s.XXI). Lo que más me ha molestado, como siempre, era la forma en que los hombres alimentaban los prejuicios acerca de la menstruación para tener un «argumento» más con el que descalificarnos y tacharnos de irracionales.